Marinho Chagas

Irreverente, Francisco das Chagas Marinho llegó a Botafogo en 1972 e inmediatamente mostró que su espíritu polémico sería, aunque agresivo, un detalle significativo en la trayectoria de aquel lateral izquierdo de habla graciosa y distintos hábitos. Pelo largo y flotante, dinámico por la propia esencia de su fútbol y con uno chut fortísimo de pierna derecha, él encantó a toda la gente, rápidamente. Pronto se hizo uno de los ídolos de Botafogo al largo de la década de 70. Veloz, con su tendencia ofensiva y con sus goles de falta, siempre con chuts de distancias improbables, aquel potiguar (gentilicio del Estado do Rio Grande do Norte) extrovertido positivamente se volvió en un personaje típicamente carioca. Él enloquecía s sus compañeros de defensa, pero dejaba a los hinchas, de todos los clubs, extasiados con su voracidad ofensiva.

Curiosamente, cargaba la aura de gran jugador y también el estigma de irresponsable. Pero su simpatía y sencillez superaban barreras, incluso la rivalidad entre las hinchadas, y a la vez debilitaba las críticas. Marinho era bien recibido en cualquier ambiente. En campo, algunos lo consideraban un jugador a frente de su tiempo, siempre buscando un camino rumbo al ataque por la lateral, características que más tarde pasaron a tener los laterales. A pesar de la concepción de juego ofensivo, su espíritu en la época causaba controversia y atraía opositores. Nada que lo impidiera de haber sido uno de los principales jugadores de Brasil en la Copa de 1974 y de ser uno de los pocos que dejaron Alemania con prestigio intacto.

Volvió a Brasil con una propuesta millonaria del Schalke 04, el club de mayor hinchada en Alemania, que acabó siendo rechazada porque su primer hijo estaba por nacer. Marinho, que comenzó la carrera en Riachuelo, se destacó en ABC de Natal, de donde se transfirió para Botafogo. En el Glorioso, quedó hasta 1977. Jugó también en Fluminense, Náutico, São Paulo, Bangu, Fortaleza y Náutico. En el exterior, aún explotando lo que le restaba de fama, jugó en clubs de EE.UU, como New York Cosmos, Los Angeles Heat y Fort Lauderdale Strikers. En 1988, se terminaba su carrera en Alemania, jugando en Augsburg.

A Bruxa disputó 36 partidos por la selección brasileña, marcando cuatro goles. Como entrenador de fútbol, inició su carrera en Alecrim pero no logró éxito.